Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho (Isaac Asimov).

Todavía hoy en día mucha gente niega la existencia del Síndrome de Alienación parental (más adelante veremos por qué), pero lo cierto es que los niños que lo sufren presentan una serie de señales, que como decía Asimov, son hechos de existencia incontestable. Se podrá considerar síndrome, o no, patología psicológica o disfunción familiar. Se podrá denominar de una forma u otra, pero lo que no se puede hacer es negar la existencia de tales signos.

Históricamente, la alienación parental ha venido considerándose como un síndrome desde que el psiquiatra Richard Gardner acuñara el término Síndrome de alienación parental (SAP) en 1985, y lo describe como un desorden psicopatológico, producto del comportamiento de uno de los progenitores que manipula psicológicamente al menor, con la finalidad de predisponerlo en contra del otro progenitor, para que no tenga contacto con éste. Para lo cual empleará estrategias de engaño con el objetivo de crear una imagen falsa y malvada.

Pero existe una gran polémica alrededor de esta figura, pues muchas asociaciones indican que tal síndrome no existe y se puede estar utilizando injustamente por parte de maltratadores para continuar maltratando a la mujer después de su separación.

Y además, según éstas, se atribuye tal actividad perversa a la mujer únicamente (también se denomina síndrome de la mujer maliciosa). Sin embargo, se ha de dejar constancia de que en ningún caso este comportamiento es único en las mujeres, también se conoce en los hombres, como veremos a continuación.

Aunque el grupo de expertos del CGPJ tampoco reconoce la existencia de este síndrome como tal, en los juzgados españoles ya existen sentencias que lo contemplan, y cada vez es más mayoritaria su aceptación en el ámbito jurídico. Como el protagonizado por el Juzgado de 1ª Instancia número 11 de Familia de Santander, el cual retiró a un mosso d’esquadra la custodia de su hija de cuatro años por abusar de la patria potestad y tratar de destruir los lazos de la pequeña con su madre, residente en Cantabria, recurriendo a diversas estrategias, entre ellas, no enseñarle castellano.

La juez consideró que el padre estaba “obstaculizando de forma consciente, constante y reiterada las relaciones de la madre con su hija y ha intentando manipular a la menor” que, estaba “gravemente” perjudicada por estas decisiones paternas, ya que están destruyendo” uno de los referentes básicos para el desarrollo de la menor, como es la figura materna”.

Se alega también que en ninguno de los manuales de las principales asociaciones de psiquiatría mundiales (DSM y CIE) se reconoce la existencia del SAP. Sin embargo la última edición del manual DSM V de la Asociación Americana de Psiquiatría se reconocen algunos diagnósticos que podrían llegar a tener una relación causa-efecto con esta figura como pueden ser el “Problema de relación paterno-filial”, “Maltrato psicológico infantil”, o “Niños afectados por una relación paternal de angustia”.

Además cabe destacar que la Unión interamericana de Entidades Psicológicas, formada por más de 50 asociaciones, reconoce su existencia y solicita que se tomen medidas tendentes a su evitación. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Honorable Corte Constitucional de la Haya, han condenado cualquier acto llevado a cabo por uno de los progenitores con la intención de alejar al menor del otro progenitor. Y en cuanto a normativa penal, en algunos países como Brasil o México ya se incluye el SAP como una forma de maltrato infantil.

De cualquier modo, se considere como un síndrome, trastorno mental, disfunción del sistema relacional familiar o con la etiqueta que se le quiera poner, los síntomas que presentan los niños manipulados por sus progenitores son reales, y tienen consecuencias muy negativas en el desarrollo psicológico del menor.

El motivo principal de tal comportamiento son las relaciones conflictivas entre los progenitores, las cuales hacen al alienador moverse por ánimo de venganza, provocado por diversos motivos, pero que en última instancia perjudican principalmente al menor, porque el hecho de privarle de una sana relación con uno de los progenitores (cosa absolutamente indispensable para las necesidades afectivas del menor) con mucha probabilidad afectará a su normal desarrollo, pudiendo llegar a ocasionarle secuelas emocionales irreparables para el resto de su vida.

Normalmente suele ser el progenitor custodio el que lleve a cabo este tipo de comportamientos, por disponer de mayor tiempo al cargo del menor para orquestar esta manipulación.

En algunos casos, los menores tienen razones de peso para no querer relacionarse con su padre o madre, como la existencia de malos tratos o abusos. Por ello se debe descartar la existencia de motivos reales para este rechazo antes de considerar la posibilidad de la existencia de una alienación parental.

Son indicadores de la existencia de alienación parental:

  • El uso de expresiones impropias para la edad del menor, que lo más probable es que se las haya oído a una persona mayor. Expresiones para justificar el rechazo como “mi padre me maltrata psicológicamente de forma sistemática” o “mi padre invade mi intimidad”.
  • El recuerdo de situaciones en las que el menor no estaba presente, o era demasiado pequeño para recordarlas, como el caso de la expresión “nunca te has preocupado de mi, ni siquiera cuando nací”.
  • El odio hacia el entorno del progenitor rechazado. Cuando hay motivos para el rechazo del progenitor, el menor suele seguir relacionándose con la familia de éste.

La solución a este problema, varía según su grado de desarrollo. En las primeras fases puede funcionar la mediación (salvo, como prescribe la LOVG, en los casos en los que exista maltrato). Pero en las fases más avanzadas, lo único que funciona es el cambio de custodia, para evitar que el progenitor alienador continúe manipulando al menor, e imponer la obligación de acudir a terapia destinada a eliminar este comportamiento.

La Asamblea General de Naciones Unidas en la Convención de los Derechos del Niño celebrada en noviembre de 1989, identifica el maltrato al niño como: “Toda violencia, perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que el niño se encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquier otra persona que le tenga a su cargo”.

Atendiendo a la definición de maltrato en la infancia, y teniendo en cuenta las consecuencias que los actos del progenitor alienador pueden causar en el menor, se podría afirmar que este tipo de conductas se pueden considerar maltrato infantil.

En definitiva, creo firmemente que en una futura ley de violencia intrafamiliar donse se establezca como finalidad la prevención, detección, y lucha contra todo tipo de maltrato en el ámbito familiar, debe estar incluida la alienación parental como maltrato psicológico a los menores.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR