Los casos de custodia y maltrato siempre han sido susceptibles de polémica. Recientemente se ha tenido conocimiento de la sentencia del caso “Susana Guerrero”,  lo que ha vuelto a desatar la controversia en torno a la relación entre maltrato y determinados síndromes asociados.

Algunas asociaciones han elevado protestas al Observatorio de Violencia Doméstica y contra la Mujer (OVDM) puesto que al parecer, la citada sentencia se basa en el Síndrome de Alienación Parental (SAP) para condenar a la procesada por incumplir el régimen de visitas de la menor con su padre establecido en sentencia.

SAP:

Para estas asociaciones reclamantes, este síndrome no existe, es un constructo que emplea siempre el padre maltratador para re victimizar a las mujeres víctimas de violencia, intentando quitarle injustamente la custodia a la madre aduciendo que ésta le lava el cerebro al menor para ponerlo en su contra.

También se sostiene que el SAP no existe porque no está recogido como psicopatología en los principales manuales psicológicos de referencia.

(No es el fin de este artículo rebatir estos argumentos, pues este tema ya ha sido tratado con anterioridad en el presente blog aquí. )

Uno de los representantes de esta creencia es Lorente Acosta, en cuyo artículo publicado en EL PAIS Blogs sociedad, el 30 de marzo de 2013, pone de manifiesto todo lo comentado anteriormente. Resaltamos algunos extractos del artículo:

El SAP es una “estrategia posmachista” que “juega con los mitos y prejuicios que históricamente han impregnado la percepción social sobre la actitud y personalidad de las mujeres, y lo hace al poner en valor la perversidad y la malicia que son capaces de desarrollar por interés personal”.

Lo que hace el SAP es evitar que se investigue cuáles pueden ser las verdaderas razones para que los hijos e hijas muestren ese rechazo al padre” “la causa más frecuente del rechazo de los hijos hacia el padre, es la violencia de género previa”.

El Síndrome de Alienación Parental es una trampa y es una manipulación interesada al amparo de la cultura de la desigualdad. El SAP no existe. No está aceptado por ninguna de las clasificaciones mundiales de trastornos y enfermedades mentales, ni por el DSM-IV-TR de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni por la CIE-10 de la OMS, y por lo tanto no debería aceptarse como categoría diagnóstica en los Juzgados”.

Todo ello demuestra cómo el SAP forma parte de ese “paquete de medidas” [en referencia a las alusiones a denuncias falsas y la discriminación del varón, y la solicitud de custodia compartida]  desarrollado por el posmachismo para atacar a las mujeres tras la denuncia de violencia de género, y para mantener las referencias de la desigualdad.”

OTROS SÍNDROMES:

Continuando con la enumeración de síndromes asociados a la violencia, hay autores que defienden que las mujeres maltratadas pueden desarrollar conjuntos de síntomas característicos. Entre estos autores se encuentra también Lorente Acosta, en cuyo trabajo “La intervención de la medicina legal y forense en la violencia de género” alude a la existencia de cuatro síndromes que desarrollan las mujeres que sufren maltrato por su parejas varones: El síndrome de la Mujer Maltratada (SIMUM), Síndrome del Maltrato a la Mujer (SIMAM),  Síndrome de Agresión a la Mujer (SAM), y además habla del Síndrome de Estocolmo doméstico.

Uno de los cuales, en concreto el Síndrome de la Mujer Maltratada (SIMUM), ya fue descrito por Walker y Dutton, y se define como una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de la habilidad de la persona para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo.

Este síndrome suele ser empleado en derecho anglosajón (y también en el español) en procedimientos de defensa de mujeres maltratadas, en casos de agresiones o incluso asesinato a sus maltratadores. Se puede aceptar como medio probatorio para justificar la conducta violenta de la maltratada, por ser considerada como un acto de autodefensa y de alteración mental transitoria. Como ejemplo, la Sentencia 2/2011 de la Audiencia Provincial de Toledo que absuelve a una mujer del asesinato de su marido maltratador por miedo insuperable.

También se ha hecho referencia a este síndrome en Sentencia 307/2015 de la Audiencia Provincial de Burgos, al no dejar a la voluntad de la víctima de maltrato la interposición de condena por quebrantamiento de orden de alejamiento (ya sea medida cautelar o pena) fundamentándolo en el sometimiento psicológico de la mujer maltratada al varón agresor que le impide decidir libremente.

Hay que decir, que al igual que el SAP, ninguno de estos síndromes está reconocido en el DSM de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni en el CIE de la Organización Mundial de la Salud.

Empleando los mismos argumentos usados para desacreditar el SAP, se podría decir también que el Síndrome de la Mujer Maltratada es una invención de la mujer que asesina a su marido para servir de excusa absolutoria y así eludir su responsabilidad penal, amparándose espuriamente en legítima defensa.

Pero no se puede ser tan simplista. En estos casos no hay verdades absolutas, y es seguro que existirán casos en los que efectivamente la agresión de la maltratada se ha producido en legítima defensa o creyendo (en su enajenación causada por el sufrimiento padecido por el maltrato) que no tenía otro camino para terminar con la situación que matar a su maltratador, al igual que habrá casos que no exista ese maltrato y que se invoque injustamente el Síndrome de la Mujer Maltratada .

Y en lo que al SAP concierne, seguro que se darán casos en los que un progenitor (recordemos que no tiene por qué ser la madre) manipule la voluntad de los hijos para ponerlos en contra del otro, así como que existirán maltratadores que lo invoquen con los mismos fines injustos anteriormente señalados. Hay que estar a cada caso, sin generalizar, pues en estos casos de custodia y maltrato prejuzgar es lo más injusto.

En ese mismo trabajo citado anteriormente, Lorente Acosta sí critica la inclusión en documentos psicológicos de referencia del Trastorno Explosivo Intermitente (TEI), pues según él, es invocado injustamente como defensa en casos de maltrato por muchos varones.

Los criterios del DSM-IV para diagnosticar el TEI incluyen:

  1. La ocurrencia de episodios aislados de fracaso al resistir los impulsos agresivos, y que tienen como consecuencia asaltos violentos o destrucción de la propiedad.
  2. El grado de agresividad expresada durante un episodio es desproporcionada con relación a la provocación sufrida o al estresor psicosocial precipitante.
  3. Haberse descartado la presencia de otros trastornos mentales que puedan causar comportamientos violentos.

Además, los actos de agresión no pueden estar provocados por algún tipo de condición médica (Enfermedad de Alzheimer) o por el efecto del abuso de sustancias o medicamentos.

No es descartable que en algún caso de violencia (de cualquier tipo, no solo de género), puedan concurrir las circunstancias reseñadas. Y si se dieran, debería apreciarse este diagnóstico a la hora de dictar sentencia.

Otro síndrome que merece mención aparte, es el Trastorno de Estrés Postraumático. Enrique Echeburúa  y Paz del Corral equiparan los efectos del SIMUM a aquél.

Aunque el maltrato en pareja no está incluido entre los criterios para su consideración, a nuestro entender, los síntomas que presentan la mujer (y cualquier otra persona) maltratada tienen mucha relación con los incluidos en el CIE-10. Dentro del cual, el diagnóstico del Trastorno por estrés postraumático se realiza cuando:

La persona ha experimentado acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física, y ha respondido con un temor, desesperanza u horror intensos.

El acontecimiento traumático es re experimentado persistentemente a través de (entre otras formas) un malestar psicológico intenso, así como respuestas fisiológicas, al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático, que el individuo tratará de evitar. Se manifiestan los siguientes síntomas (al menos 3) de 1 mes de duración como mínimo:

  • Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático.
  • Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma.
  • Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.
  • Reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.
  • Sensación de desapego o enajenación frente a los demás.
  • Restricción de la vida afectiva (p. ej., incapacidad para tener sentimientos de amor).
  • Sensación de un futuro desolador (p. ej., no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).

Estos síntomas son fácilmente asimilables la situación de una mujer (o cualquier otra persona) que haya sufrido maltrato cronificado, aunque entre los criterios del Diagnostical and Statistical Manual of Mental Disorders no se incluya específicamente la violencia doméstica como uno de los acontecimientos que pueden desencadenar este trastorno. No obstante, los acontecimientos que figuran como desencadenantes no se consideran exclusivos, lo que permitiría aceptar el origen del TEPT en el campo de la violencia doméstica y de género.

Conclusión:

Visto todo el elenco de síndromes relacionados con elmaltrato, concluimos afirmando que resulta casi un ejercicio de bipolaridad otorgar o denegar a conveniencia el carácter de verdad absoluta al DSM o al CIE, en el primer caso al no incluir el SAP, y en el segundo al no incluir los síndromes el SIMUM, SAM, SIMAM, TPEPT y sin embargo si contemplar el TEI.

Y además llama poderosamente la atención que se reconozca la existencia del SIMUM y se niegue la del SAP, sin más argumentos que porque si, y porque no, cuando ninguno de los dos está reconocido médicamente, y al hacerlo, posicionarse claramente en la idea de que toda mujer siempre dice la verdad, siempre es la maltratada en la relación de pareja, y es imposible que lleve a cabo actos perversos; a la vez que considera al hombre en todo caso como agresor, mentiroso, que busca librarse de la responsabilidad de sus acciones de cualquier forma. Lo cual es bastante injusto.

Lo más importante es identificar las circunstancias de cada caso, para poder afirmar que hay uso injusto de alguno de estos síndromes referidos o por el contrario sí existen.

Es preciso superar estos prejuicios si lo que buscamos es la consecución de la igualdad real entre hombres y mujeres, y sobre todo, la justicia y el interés superior de los menores y las personas maltratadas.

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