La penúltima polémica en materia de violencia de género ha consistido en que un Magistrado del Tribunal Supremo ha opinado en una red social sobre el origen de este maltrato, achacándolo a algo más que el machismo.

Tras lo que no se han hecho esperar múltiples contestaciones tanto en RRSS como en medios de comunicación, llegando a tildar los comentarios del magistrado de machistas, solicitando incluso que el CGPJ actuara de oficio para castigarlos.

Desde un punto de vista científico-criminológico no puedo estar más en desacuerdo con estas críticas. Vamos a ponernos un poco metafísicos y verán porqué lo digo.

Desde los antiguos filósofos griegos a los actuales científicos, el ser humano ha estudiado el origen del comportamiento humano, concediendo importancia en unos casos a la personalidad del sujeto y en otros a la influencia del ambiente donde crece y se sociabiliza. Es la eterna discusión entre la consideración de que el ser humano al nacer es un papel en blanco, o está predeterminado por su persona, pregunta que trasladada a la criminología se traduciría en ¿El criminal nace o se hace? Sin que en la actualidad se haya llegado a conclusiones totalmente definitivas en la materia en un sentido u otro. Siendo que la práctica mayoría de los especialistas se decantan por una postura ecléctica.

Como no podía ser de otra forma, también en materia de violencia de género (denominación española de la Intimate Partner Violence) los criminólogos llevamos a cabo estudios para poder averiguar la etiología de este tipo de maltrato, los factores de riesgo que facilitan su aparición, para atacarlos y erradicar esta lacra. Y en este tema, se reproduce la postura ecléctica que hemos comentado por los principales  criminólogos especialistas en la materia.

Sin embargo la política criminal contra esta lacra se estableció en 2004 dando el Parlamento Español una respuesta legislativa desde una perspectiva distinta a la referida anteriormente, estableciendo en el preámbulo de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que el comportamiento violento en materia de maltrato del varón a la mujer en sus relaciones de pareja, estaba basado en las históricas relaciones de poder establecidas por los roles de género, que superponen al varón sobre la Mujer.

Tras doce años de esta estrategia marcada por esta ley, hemos podido comprobar que las víctimas mortales prácticamente no han descendido en términos relativos (tasa según población). Y dado que nuestro deber es evaluar continuamente el sistema e intentar mejorarlo, siempre en interés de las víctimas, es hora de valorar la implementación de nuevas estrategias y nuevas ópticas.

Que el machismo es un factor de riesgo en el maltrato del varón a la mujer en relaciones de pareja es un hecho, pero de ahí a inferir que es la única razón del mismo, va un trecho. Eso es lo que ha intentado hacer ver, sin mucho éxito, el Magistrado en cuestión.

Quizá el error del Magistrado ha sido no explicarse bien, no emplear tecnicismos, y donde dijo maldad humana, debió haberse referido a los rasgos de personalidad de cada individuo, que en la actualidad ya sabemos que son factores de riesgo para la aparición del comportamiento violento, como la agresividad, la baja tolerancia a la frustración, la carencia de empatía, etc.

Además no parece acertado, hablar de fuerza física cuando se sabe que una parte importante del maltrato (de cualquier tipo) es psicológica, y que es la vertiente psicológica (y no la física) de la que se sirve el maltratador al inicio del maltrato como mecanismo para desarrollar su estrategia de control sobre las víctimas.

Pero la parte esencial del discurso, es decir, el diagnóstico, es correcto. EL MACHISMO NO MATA (AL MENOS POR SÍ SOLO).

El machismo hace a una sociedad más injusta y menos igualitaria, y todos debemos luchar por erradicarlo, pero desde el punto de vista científico-criminológico tenemos que decir que el machismo por sí solo no mata, sino que es uno de los múltiples factores de riesgo para la aparición del maltrato a la mujer. Fíjense que en España hay 24 millones de hombres que nos hemos criado en una sociedad patriarcal y por poner un ejemplo, este último año 2016 ha habido 44 muertes (aunque una sola ya sea demasiado). Si el machismo fuera la única razón para la aparición de la violencia a la mujer en pareja, debería haber muchísimas más víctimas mortales, y gracias a Dios, esto no pasa. ¿Por qué? Pues porque hay muchos más factores de riesgo distintos del machismo para la aparición de ese tipo de maltrato, como por ejemplo, factores individuales. 

De hecho, hay ocasiones en las que el factor género es irrelevante en el maltrato a la Mujer, como es el caso de los paises escandinavos, donde se dan las mayores tasas de igualdad del mundo, y por contra las tasas de mujeres muertas a manos de sus parejas son mucho más elevadas que en España.

Resulta también sospechosamente coincidente que en los paises donde se dan mayores tasas de violencia en general (con mayor número de asesinatos), las tasas de violencia de varones sobre sus parejas mujeres también son las mayores del mundo, como son los paises centro-americanos. ¿Tendrá eso algo que ver? Puede. Lo que está claro es que deberíamos estudiarlo, y no quedarnos solo en la visión sexista del problema.

Por no hablar del 25 % de maltratadores que también son agresivos fuera del núcleo de convivencia familiar, de acuerdo con estudios criminológicos.

O también el hecho de que muchos de los que han sufrido maltrato o lo han observado en su infancia no lo suelan repetir en su edad adulta, más o menos en una proporción del 50%.

Todas estas pistas nos deberían llevar a pensar que la etiología del maltrato es multifactorial, como la de cualquier comportamiento humano. Y a pesar de que en su momento la perspectiva de género sirvió para visibilizar un problema minusvalorado, creo que es la hora de implementar una nueva estrategia en la lucha contra el maltrato, desde una perspectiva científica y multidisciplinar que responda a su variado origen.

Por poner un ejemplo, ahí están los modernos estudios de neurocriminología que tratan de explicar el comportamiento violento a través de la estructura cerebral, entre otras áreas inexploradas, y que es nuestro deber como científicos transitar por el bien de las víctimas. Todavía hay mucho por hacer en la lucha contra el maltrato.

LA SOLUCIÓN: MÁS CRIMINOLOGÍA

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