Siempre he recalcado la importancia de tener claro qué es maltrato y qué no lo es. No es lo mismo una situación de abuso prolongado en el tiempo en el que una victima está supeditada a un maltratador que instrumentaliza la violencia (ya sea física o psicológica) para su control, que un caso de convivencia conflictiva en el que existe un equilibrio de poder (que no implica necesariamente un equilibrio de fuerza física) entre los implicados y que ha escalado a situaciones violentas, o incluso un caso de enfermedad mental que pueda provocar en quien las padece brotes violentos explosivos en los que se dañe a personas cercanas al enfermo. En todos los casos, determinar la etiología del suceso y las motivaciones del que lo lleva a cabo es vital para establecer la forma de abordarlo.

Por ello he intentado hacer pedagogía del tema en muchas ocasiones antes en este blog,  pero los comentarios en medios de comunicación y redes sociales relativos a dos sucesos ocurridos en el lapso de una semana me han llevado a escribir este último post, porque parece que todavía no distinguimos entre maltrato y otra serie de situaciones que nada tienen que ver con él. Veréis porqué lo digo.

El pasado 29 de enero un hombre mató a su mujer y posteriormente se autolesionó en O Carballiño (Ourense), siendo tratado este tema como otro caso de violencia de género desde el punto de vista institucional (luto, declaraciones institucionales de repulsa, contabilización en estadísticas, etc.) e informativo.

Pero posteriormente se han ido conociendo nuevos datos en torno al caso que podrían hacer cambiar las hipótesis iniciales, tales como, que no existían ni antecedentes conocidos de maltrato ni denuncias previas, y sobretodo y este es el principal detalle a tener en cuenta, que el implicado había sido diagnosticado de demencia (enfermedad que tiene una fase agresiva), y que además, la propia mujer había solicitado ayuda a servicios sociales municipales para el cuidado de su marido ya que diez días antes del fatídico desenlace, el implicado había intentado suicidarse, habiéndolo evitado la propia víctima, es decir, su esposa, como podemos ver en la fotografía de la cabecera.

Todos estos datos pueden llevar a pensar que el agresor no actuó motivado por el género de su pareja, sino que la agresión se habría podido producir por la enfermedad que padecía, por lo que de acuerdo con el artículo 1.1 de la Ley Orgánica de 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género (LOVG), este caso no debería ser considerado como violencia de género si es que tras ulteriores investigaciones se comprobase finalmente el origen patológico de la agresión.

Pero el hecho es que a día de hoy y a pesar de todo lo comentado, todavía se considera el caso como violencia de género en estadísticas oficiales, y creo que lo que procede es investigar otras líneas distintas al maltrato, simpre siendo cauto por si aparecieran nuevos datos.

El otro suceso ocurrido recientemente, es el caso de un futbolista perteneciente a un famoso club de primera división que se ha visto envuelto en otro presunto caso de violencia de género. Por lo que sabemos a día de hoy, el jugador manifestó que se produjo una riña al haber llegado a casa tarde de una salida nocturna, su pareja recriminándoselo golpeó su coche y éste la empujó cayendo ella al suelo. Como consecuencia, el juzgado ha impuesto una medida cautelar a ambos implicados, consistente en la prohibición de aproximación a menos de 500 metros mutua, y le ha imputado al varón un delito de violencia de género del artículo 153.1 CP y la mujer un delito de violencia doméstica del artículo 153.2 CP. (nunca he entendido que se imputen tipos penales distintos si la riña es mutua y no existe elemento subjetivo del delito de viogen), por lo que según apreciación judicial, parece que puede haber existido una situacion de conflicto con escalada puntual de violencia, que como indicábamos al principio poco tiene que ver con un caso de violencia de género.

En este sentido, viene siendo hora de que se haga uso del artículo 44.4 de la propia LOVG para que los Juzgados de Violencia contra la Mujer, discriminen los casos de maltrato de aquéllos que tienen otra etiología, y se inhiban de la instrucción de estos delitos, dejando intervenir a la jurisdicción ordinaria. Así lograríamos desatascar los juzgados de Violencia sobre la Mujer, pero sobretodo trataríamos los casos según su naturaleza, sin prejuicios apriorísticos que puedan condicionar el tratamiento procesal del caso.

Para ello sería muy útil la colaboración de criminólogos especialistas en materia de maltrato, con el fin de auxiliar a los Juzgados de Violencia sobre la Mujer tanto en la determinación de la motivación del agresor y la dinámica del suceso para ver si se corresponde con un delito de violencia de género, como para determinar el nivel de riesgo del caso y las medidas cautelares a adoptar según circunstancias.

Vuelvo a repetir que maltrato no es lo mismo que conflicto violento o psicopatología con fases agresivas, y que como tal, el hecho debe ser tratado de distinta forma, tanto en su información por los medios, como en su resolución a la hora de dirimir responsabilidades penales. Además es nuestra responsabilidad no sobredimensionar un problema (ya de por sí de grandes dimensiones), creando mayor alarma social.

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